Porfirio Díaz, resurgimiento en la Cuenca | NVI Cuenca Pasar al contenido principal
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Porfirio Díaz, resurgimiento en la Cuenca

Porfirio Díaz, resurgimiento en la Cuenca

Desde la población de Tuxtepec, el general Díaz empezó a subir los peldaños de la sierra, y un poco arribita se encontró con los pueblos aguerridos de la Chinantla y los pueblos Mazatecos. Es que para los hombres del poder político de Oaxaca, Veracruz y México; Porfirio Díaz había dejado las armas para dedicarse a otros menesteres, convirtiéndose en un pacífico jarocho, pescador, pachanguero y enjundioso mentador de la alegría cuenqueña: Tlacotalpan lo cobijó y lo recibió como Dios manda. Nadie como el cuenqueño para dar hasta la camisa regalada y hospedar al nuevo vecino.

Porfirio Díaz caminó a la presidencia de la república, dejó todo un proyecto cuando salió a conquistar el mundo; en diciembre de 1875 se encuentra en Brownsville, frente a Matamoros; mientras se proclama en Ojitlán, Tuxtepec, Oaxaca el famoso Plan de Tuxtepec que él mismo había preparado; para esto, lo sostuvo un viejo amigo de Díaz, el general Fidencio Hernández; pues el Plan de Tuxtepec proclamaba como principio la No reelección del presidente de la república y en su redacción participaron el mismo Porfirio Díaz, Justo Benítez, Ignacio L. Vallarta, Protacio Tagle y Pedro Ogazán.

El documento se proclama en la comunidad Chinanteca de la Villa de Ojitlán, municipio de San Lucas Ojitlán y distrito de Tuxtepec, y se firmó a principios de enero de 1876 en el hotel Buenavista de la avenida Independencia de esta población.

El abuelo José Lucas originario del pueblo de Ojitlán, testimonia que los antepasados dejaron la enseñanza, cómo debe ser un aguerrido ojiteco, y éstos fueron capaces de llevar a Porfirio Díaz a ganar toda batalla. “Pinche Chinanteco no se raja nunca”, eso lo testimonió alguna vez Porfirio Díaz, pues el Chinanteco atemperado y tosco, siempre ha sido terco como una mula y en la batalla de Tecoac lo demostró salvando a Porfirio Díaz de una segura derrota.

El 16 de noviembre de 1876, se libró la batalla de Tecoac, situado en Huamantla estado de Tlaxcala, está la ganó Porfirio Díaz enarbolando los principios del Plan de Tuxtepec. Franco episodio, cuando el general oaxaqueño estuvo a punto de que le dieran en la madre las últimas descargas del gobierno Lerdista. Lo salvaron de la derrota Juan Crisóstomo Bonilla y el general Manuel Díaz.

Porfirio Díaz después del triunfo de Tecoac, ocupó la ciudad de Tlaxcala y luego la ciudad de México. El 6 de diciembre de 1876, dejó encargado del poder ejecutivo al general Juan N. Méndez, según lo estipulado en el artículo sexto del Plan de Tuxtepec; lo hizo respetar Díaz, quien para ese entonces contaba con 46 años de edad. Mediante elecciones tomó posesión del cargo el 5 de mayo de 1877, fecha en que da inicio el Porfiriato. Pidió y pregonó paz y progreso, conciliación y bienestar, pero además puso mano dura al gobernar; no lo hizo sólo, el triunfo lo hicieron muchos y esos muchos fueron ellos, pero el caudillo de Tuxtepec, nunca compartió el poder. La sucesión presidencial y el respeto por el principio de “No Reelección”, se hizo valer una y otra vez. Así se tiene que Porfirio Díaz se convirtió en el 35° presidente de la república mexicana de 1877 a 1880; y Manuel González gobernó en el periodo de 1880 a 1884. A partir de entonces ya no existió la sucesión presidencial como se había prometido, debido a que Porfirio Díaz acusó de traidor al mismo Manuel González y subió el general a la silla presidencial por veintiséis años más; es decir, con esa etapa da por terminado el gobierno de Tuxtepec, pues Díaz a partir de allí, no se volvería a acordar de los hombres Chinantecos y tuxtepecanos que lo ayudaron a subir al poder.

Como homenaje a la memorable batalla de Tecoac, Tuxtepec y Huamantla se hermanan en el año 2007, siendo presidente municipal Salvador Santos Sierra; develando una placa conmemorativa de dicho acontecimiento en el boulevard que lleva el nombre de Plan de Tuxtepec, condena y exaltación respaldaron tal hermandad; unos adorando todavía al caudillo por aquello de que en su mandato hubo paz y concordia, nadie robaba y no hacían fechorías y medias; y otros condenan esa memoria del caudillo, con el peculiar lenguaje tuxtepecano: “A Porfirio Díaz nadie lo quiere aquí, por su traición al Plan que lo llevó al poder y por eso fue un hijo de la chingada”.