Pasar al contenido principal
x

Zuzul

Foto(s): Cortesía
Antonio Ávila Galán

Cuando se fundó el ejido de Vega del Sol, Jacatepec Oaxaca, en el año de 1937, había familias que trabajaban el campo en la siembra de maíz. Familias unidas y honorables como la de los señores José Victoriano Germán, Juan Basilio Feliciano Pablo y Abraham José.

El profesor Lázaro Canseco Victoriano rememora, que en el año de 1940 don José Victoriano Germán empezó a derribar árboles para el sembradío del maíz. Un poco después de la fundación de Vega del Sol, aparecía por las noches un burro con cuerpo y cabeza de oro, según la creencia; el hecho mencionado anunciaba que el lugar sería un centro al cual acudiría mucha gente; o sea, Vega del Sol se transformaría con los años en una bendición de Dios. Los escasos pobladores que sumaban 200 habitantes aproximadamente, atestiguaban que la señal se las daba un burro con cuerpo y cabeza de oro, que pronosticaba buenas nuevas para la comunidad.

En esos años del anuncio de buenas nuevas, al anochecer se escuchaban aullidos de animales a lo lejos, y la llorona loca se paseaba con sus gritos desesperados por el río. Eran tiempos de los vientos de septiembre resoplando en el corazón de los árboles. En la recién fundada comunidad de Vega del Sol, se creía con fe y devoción en el encantamiento del burro con cuerpo y cabeza de oro, que se aparecía en las noches de luna. 

En el día, cuatro o cinco marranos hundían su cuerpo entre la maleza y demoraban horas en salir de ella, por lo que José Victoriano Germán, curioseando, empezó a limpiar el monte y encontró que los animales metían la trompa en un punto donde salía agua, y en esa forma siguió a diario la tarea de los marranos “obreros”, fue extendiendo el círculo y descubrió con los días, que se trataba de un ojo de agua, el cual con los años empezó a ser atracción para la gente de toda la región.

“Ociosos marranos descubren un ojo de agua entre grandes árboles, al margen del río San Cristóbal”.

Parece ser el nombre de una crónica de encantamiento y sueño. Manantial que nace como bendición de Dios, con una señal de prominencia para el futuro de esta comunidad. Sus habitantes, originarios de la región, hablan el chinanteco; hombres de suerte por trabajadores; hombres curtidos por el sol de mayo, además soñadores viajeros en el tiempo, por eso el creador les mandó dos manantiales como herencia: Paraíso Escondido, llamado así por escondido y maravilloso, y el del que hoy hablamos; vaticinio del burro de oro y escarbadero de marranos, que a semejanza de lo que el creador les regaló a esta comunidad, brote de agua cristalina que emergía, -no sé de dónde-, era azul como el cielo limpio de abril -eso cuentan, azul como el silencio de los soñadores, clara y azul como la remembranza de los ancianos, azul como los buenos tiempos de la cosecha, cristalina y azul como la mirada coqueta de una mujer enamorada. De allí que los moradores de ese brote deagua, lo bautizaron con el nombre de Zuzul.

El despertar prominente de este ojo de agua, de su magia atractiva empezó hacia 1970, cuando gentes de la región y de ciudades de otros estados, empezaron a acudir a la población de Vega del Sol, municipio de Santa María Jacatepec, distrito de Tuxtepec, Oaxaca. Por carretera antes de llegar a Valle Nacional, se entra por un camino antes de terracería, ahora ya pavimentado, donde a poco más de un kilómetro se encuentra Zuzul, con su brote de agua, su ojo de agua, su encantamiento de agua, su luz de agua, su rosario de agua, y su nombre que no es chinanteco porque es sólo agua fría y cristalina. 

Así cuenta Lázaro Canseco Victoriano, y también lo hacen los que saben y los que dicen dolerse de dicho acontecimiento, que Zuzul es agua proveniente no del cielo, sino del fondo de una lluvia amorosa; es decir, del ojo de la Divina Providencia, predicción del burro de oro y quehaceres cotidianos de unos cuantos marranos encantados.